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De "El Mundo de los Océanos"
Para comprender como pueden utilizar el sonido los seres humanos y los animales, tenemos que saber que las ondas sonoras se pueden desviar y reflejar. Si recordamos la compresión y expansión que experimenta el sonido alternativamente al atravesar cualquier elemento, aire o agua, estamos preparados para incorporar un concepto nuevo: la longitud de onda. Si medimos la distancia entre una compresión y la siguiente, esta distancia se llama longitud de onda. Cuanto mayor es la frecuencia, menor será la longitud de onda. Como conocemos la velocidad del sonido en los distintos materiales, conociendo la frecuencia del sonido podemos calcular su longitud de onda.
Un objeto que sea grande en comparación con la longitud de onda de un sonido reflejara buena parte de este sonido. Estos reflejos se llaman eco. Los sonidos rodean los objetos que son pequeños en comparación con la longitud de onda. El hecho de que los objetos reflejen el sonido ha sido aprovechado por el hombre en la navegación para localizar los icebergs o el fondo, en la pesca comercial para encontrar grandes bancos de peces, y en operaciones militares para determinar la posición de los submarinos.
Sabemos que los materiales de diferentes densidades reflejan el sonido; por lo tanto, en el océano el sonido rebota contra la superficie, el fondo y las masas de agua de diferentes temperaturas, además de los animales y las plantas. Las capas de agua que tienen temperaturas diferentes desvían las ondas sonoras que no se reflejan. De este modo, una onda sonora que recorre el mar se expande, es absorbida, cambia de dirección, es reflejada y se dispersa. Cuanto mayor sea la frecuencia del sonido, mayor será el efecto. Por este motivo, la mayoría de las sondas por eco de largo alcance que utilizan los barcos operan a una frecuencia por debajo de los 5.000 Hz. Para detectar objetos pequeños a distancias mucho más reducidas, los sonares operan a una frecuencia que escapa al alcance auditivo del hombre, es decir, por encima de los 20.000 Hz.
Por cada invención humana, existe un sistema equivalente en la naturaleza que supera ampliamente al del hombre en eficacia y posibilidades. Uno de ellos es el sonar animal o ecolocalización.
En 1938 se descubrió que los murciélagos emitían unos sonidos inaudibles muy agudos, denominados ultrasonidos (entre 40.000 y 80.000 Hz), y recibían ecos que les daban abundante información con respecto al entorno.
Unos diez años después, las observaciones de un científico americano, permitieron el descubrimiento de la ecolocalización en los delfines. Al intentar capturar delfines para un acuario, el científico observó que se podía conducir a los delfines por un canal en dirección a una red. Sin embargo, a 30 metros de la red invisible, los delfines cambiaban súbitamente de dirección y se alejaban. Pero se los podía capturar si se empleaban redes con una malla más grande, o redes embebidas en agua, donde no quedara ninguna burbuja de aire que pudiera reflejar el sonido.
Para obtener información sobre el ambiente, los delfines emiten sonidos cuya frecuencia oscila entre menos de 2.000 y más de 100.000 Hz. Podemos percibir los que son audibles para nosotros como una serie de golpecitos, que pueden darse como sonidos individuales o como una sucesión de sonidos unidos entre sí.
El delfín, y otros miembros del suborden de los odontocetos, o cetáceos con dientes, pueden determinar no sólo la distancia y el rumbo, sino también el tamaño, la forma, la textura y la densidad de los objetos. Además, también pueden recibir más información que nosotros por el mero hecho de alterar el tono de uno de los golpecitos dentro de la sucesión y, como cada golpecito que rebota es diferente, puede hacerles llegar un mensaje diferente. De este modo, una sola sucesión de ecos produce una compleja imagen mental de un objeto.
Existen al menos cuatro tipos de información en el eco: la dirección de la cual procede, el cambio de frecuencia, la amplitud del sonido y el tiempo transcurrido entre la emisión y el retorno. Mientras el delfín explore, determina la dirección que siguen los ecos que regresan y, de este modo, la orientación del objeto que desea examinar. Los cambios de frecuencia hablan de su tamaño y su forma. La amplitud del sonido y el tiempo transcurrido dan indicios sobre la distancia.
Sólo recientemente hemos comenzado a comprender de qué modo se producen y emiten estos golpecitos y la forma en que el delfín percibe el eco: las emisiones de los golpecitos nacen dentro de la cabeza del delfín. Los sonidos se producen incluso mientras el animal esta bajo el agua, sin perdida de aire, lo cual sugiere que se recicla dentro de su aparato respiratorio.
Los costados de la cabeza del delfín y su mandíbula inferior, que contienen una grasa aceitosa, son las zonas que reciben el eco. La protuberancia que tiene en la frente es, probablemente, el lugar donde nacen los golpecitos para la ecolocalización.
Cuando un delfín viaja, por lo general mueve la cabeza lentamente a un lado y al otro, hacia arriba y hacia abajo. Este movimiento es una especie de exploración global, que le permite al delfín ver un camino más ancho frente él. Pero si le interesa un objetivo pequeño, como por ejemplo un pez en medio del agua oscura, los movimientos exploratorios de la cabeza se vuelven rápidos y espasmódicos: Las frecuencias bajas tienen largo alcance pero no son direccionales, y los golpecitos de alta frecuencia sirven para investigaciones de corto alcance y alta definición.
A diferencia del sonido de alta frecuencia, es probable que las vibraciones de baja frecuencia se reciban primero en el oído interno. Para poder recibir e interpretar todos estos ecos, el cerebro del delfín tiene un lóbulo auditivo mucho más grande que nuestro cerebro.
Desde luego, no hay forma de saber que es lo que oye el delfín. No podemos imaginarnos cómo se oyen la forma y la distancia de los objetos. El sistema del delfín es de una precisión sorprendente y le proporciona al animal mucha más información que la que el hombre obtiene con el sonar. Por ejemplo, 'Dolly', un delfín entrenado por la marina de los Estados Unidos, es capaz de recoger tres monedas que se echan al mismo tiempo en tres direcciones distintas; recoge la primera cuando todavía se está hundiendo, y halla la segunda y la tercera entre los sedimentos, al cabo de escasos segundos, con muy poca visibilidad.
El lenguaje es la comunicación de pensamientos y sentimientos. El hombre es el único ser del reino animal capaz de comunicarse por medio de patrones específicos orales bien definidos, así como a través de sus transcripciones escritas. La cuestión es: ¿existen otros animales, aparte del hombre, que tengan un lenguaje según lo que nosotros entendemos?
Sobre la tierra no hay ningún animal que este equipado con un cerebro comparable al del hombre. Pero en el mar hay varios mamíferos, incluidas orcas, los cachalotes, los delfines y las marsopas, cuyos cerebros son, al menos anatómicamente, similares al del hombre en cuanto a su tamaño. Son las únicas criaturas de la tierra dotadas de un sistema nervioso con la capacidad potencial para desarrollar procesos superiores de pensamiento. Los mismos animales, casualmente, poseen la capacidad de producir una gran variedad de sonidos. No ocurre lo mismo con el perro (cerebro pequeño, voz limitada), los simios (cerebro pequeño, voz limitada), el papagayo (voz, pero cerebro pequeño), y otros.
Algunos delfines en cautiverio han modificado los sonidos que producían para imitar los silbidos del hombre, quizás intentando establecer una base para la comunicación entre las especies. Esta capacidad de manipular los sonidos resulta estimulante, pero no debemos olvidar que el papagayo también puede imitar los sonidos humanos y producirlos ante alguna señal.
Se han llevado a cabo experimentos con la esperanza de demostrar que los delfines se comunican e intercambian ideas. Se colocaron dos delfines en tanques adyacentes con un 'teléfono' consistente en un transmisor y un receptor sumergidos uno en cada tanque. Sin el teléfono, los delfines no se podían escuchar, pero a través de él, las vocalizaciones se transmitían de un lado al otro electrónicamente, y podían mantener una conversación. No se podían ver. Los delfines intercambiaban golpecitos y silbidos durante la mayor parte del tiempo en que el teléfono estaba conectado. Cuando uno vocalizaba, el otro callaba. Esta conducta parece indicar que los delfines conversaban, tal vez se comunicaban, pero el significado de los silbidos sigue siendo un enigma. Cuando se desconectaba el teléfono, los delfines dejaban producir una variedad de silbidos y tan sólo emitían 'silbidos de identificación', que repetían una y otra vez. Estos silbidos son señales personales, que se supone permiten que los otros delfines reconozcan a uno en particular.
Las investigaciones recientes han hecho pensar a muchos científicos que delfines son casi tan inteligentes como los perros, y por este motivo creen que la comunicación entre el hombre y el delfín nunca superará la que existe entre el hombre y el perro. Sin embargo, otros investigadores siguen creyendo que, en algún momento, hombres y delfines serán capaces de comunicarse a un nivel más elevado.
Los nuevos experimentos científicos pueden darnos la respuesta, pero también puede ser que el hombre esté, en realidad, solo.
Esta terapia implica el contacto de los individuos con el animal. A los delfines se les entrena para que realicen una especie de masaje en el cuerpo; además, juegan con las personas tanto dentro como fuera del agua.
Cualidades de los delfines
Pese a todo lo que sabemos de ellos, no se los conoce tanto como para lograr un acabado conocimiento de sus hábitos y funciones biológicas. Podemos decir que "ven" con el oído, ya que han desarrollado un extraordinario sentido sensorial, basado exclusivamente en la emisión y recepción de sonidos que les permite captar todo lo que sucede en su entorno, con esta gran capacidad determinan la ruta a seguir o consiguen su alimento. Se destacan por ser la única especie animal que ha logrado sobrevivir en todos los sitios del mundo, ya que habitan en la totalidad de los mares. Siempre fueron grandes colaboradores del hombre: se ha comprobado que actúan de manera beneficiosa en la pesca de Mujil (lisa), hasta han guiado barcos en un estrecho de difícil navegación. Estas actitudes agregaron un nuevo interrogante al misterio del delfín, su singular inteligencia. En el siglo XVII se comprobó que el cerebro del delfines de mayor tamaño y peso que el cerebro humano, uno pesa 1,8kg; el otro 1,5 kg. Semejante diferencia demuestra que se trata de un animal con un ingenio y capacidad superior al resto de los mamíferos encefalizados, incluido el chimpancé. Desde hace ya tiempo se viene estudiando los sonidos que emiten los delfines y se llegó a pensar que era posible conformar un lenguaje entre un animal y el hombre.
Estudios posteriores determinaron que los delfines consiguen entender algunos verbos como tocar, buscar, encontrar y hasta son capaces de memorizar frases de cinco palabras e interpretarlas perfectamente. Por otra parte interpretan calificaciones del tipo "arriba, abajo, sobre, bajo, a través, izquierda y derecha".Los delfines se comunican entre sí por medio de un complejo sistema de sonidos, el cual, por el momento no se ha logrado interpretar totalmente, incluso produce sonidos en ondas que el oído del hombre no alcanza a percibir.
Ultimamente se ha descubierto una nueva virtud en estos animales y se trata de la gran ayuda proporcionada hacia chico con problemas de comunicación como niños autistas y con síndrome de Down. Según algunas experiencias, en estos casos el contacto con los delfines logra conseguir, en poco tiempo, lo que demandaría largos períodos de terapia.
Esta especie posee dos huesitos en la base del cerebro, los cuales están unidos a través de cartílagos, pero cada uno tiene su propio movimiento.
Cuando se mueven, estos huesos emiten sonidos de alta frecuencia que se amplifican hacia el melón (parte delantera) del delfín.
Estos sonidos provocan una especie de neurotransmisión que facilita la recuperación de las personas o, al menos, mejora la salud de otras.
¿Cómo funciona?
Nosotros nacemos con cierta cantidad de neuronas, pero solo utilizamos un porcentaje de ellas. De ese porcentaje podrían morir algunas que, obviamente, son irrecuperables, pero es posible poner a trabajar las que han vivido inactivas.
Estas, eventualmente, podrían realizar las funciones de las que ya no están. Y esto es lo que realiza la neurotransmisión de los delfines: activar las neuronas paralelas.
Por ejemplo, ayuda a recuperar el movimiento en casos de parálisis, o estimula la afectividad en los niños autistas y con síndrome de Down. No es un medicamento o terapia que cura, pero sí da una mejor calidad de vida.
Las ondas sonoras que los delfines transmiten no pueden ser sustituidas por generadores pórtatiles de ultrasonidos y monitores ya que las ondas emitidas por el delfín miden 8.2 watts y la reproducida por el hombre actualmente que es el ecógrafo solo mide 2 watts. La mas parecida en intensidad, es la maquina de soldar metales y no es seguro su uso en humanos.
En que ayuda la delfinoterapia
Esta terapia, es aplicada no solo a niños autistas, sino a pacientes con síndrome de down, parálisis cerebral, retardo mental, en fin en todo padecimiento en donde se encuentre involucrado el sistema nervioso central, como traumas, accidentes cerebrovascular, etc. Además de pacientes con cáncer, o en recuperación de alcoholismo o drogadicción.
La delfinoterapia produce una estimulación en todo el sistema nervioso central, para poner a trabajar y conectar las neuronas, que tenemos inactivas en nuestro cerebro.
En el caso específico del Autismo, en el cual una de las teorías más fuertes es la ausencia parcial o total de neurotrasmisores, estimula directamente al hipotálamo a producir endorfinas que son las células neurotrasmisoras y estimula la producción de la hormona ACTH, la cual produce en los pacientes, sensación de estabilidad (sensación de estar en equilibrio emocional).
Por esto se habla de que produce cambios neuroquímicos y neuroeléctricos. Ya que con las terapias tradicionales, se trabaja en un miembro determinado del cuerpo para producir un cambio en el cerebro. Mientras que con la delfinoterapia, se trabaja a nivel cerebral, para producir un cambio físico y mental
Esto no quiere decir que la delfinoterapia, venga a sustituir las demás terapias tradicionales, sino que viene a reforzarlas, ya que después de un tratamiento de delfinoterapia, se van a aprovechar más las demás terapias.
Resultados
Dentro de los primeros cambios que aparecen en los pacientes que toman delfinoterapia, esta el aumento en calidad y cantidad de sueño, se ven mas interesados por su entorno, puede que al tercer o cuarto día se presenten vómitos ya que nuestro organismo, no esta acostumbrado a trabajar con nuestro cerebro en ondas Alfa y Teta.
Se presenta cambios físicos en patrón de marcha, se comienza el lenguaje verbal, etc. en fin los cambios son muchos, pero lo mas importante que hay que recalcar es que esto no es una cura, sino una esperanza que llega del mar, para ayudar a mejorar a nuestros familiares Y que se trata con seres vivos que no siempre reaccionan igual a las terapias, sino que todo depende de su estado físico y mental, de su entorno familiar ( porque al tener un niño especial, tenemos a una familia especial que necesita ayuda.), de su padecimiento en sí, si toma medicamentos o no, en conclusión, no se trata de la enfermedad que tiene el paciente, sino del PACIENTE QUE TIENE LA ENFERMEDAD.
Esto produce una estimulación en todo el sistema nervioso central, para poner a trabajar y conectar las neuronas, que tenemos inactivas en nuestro cerebro.
En el caso específico del Autismo, en el cual una de las teorías más fuertes es la ausencia parcial o total de neurotrasmisores, estimula directamente al hipotálamo a producir endorfinas que son las células neurotrasmisoras y estimula la producción de la hormona ACTH, la cual produce en los pacientes, sensación de estabilidad (sensación de estar en equilibrio emocional).
Por esto se habla de que produce cambios neuroquímicos y neuroeléctricos. Ya que con las terapias tradicionales, se trabaja en un miembro determinado del cuerpo para producir un cambio en el cerebro. Mientras que con la delfinoterapia, se trabaja a nivel cerebral, para producir un cambio físico y mental.
Esto no quiere decir que la delfinoterapia, venga a sustituir las demás terapias tradicionales, sino que viene a reforzarlas, ya que después de un tratamiento de delfinoterapia, se van a aprovechar más las demás terapias.

